Recapacité, les iba a mandar un SMS...
Papá, Mamá no hace falta que me busquéis, que llaméis a la policía o nada del estilo. Me he ido de casa porque he querido, no hace falta que os preocupeís de mí nunca más. Aunque seguramente necesite algo económicamente pero bueno, adiós.
Les mandé ese mensaje porque no sabía muy bien que escribir. Estaba nerviosa y Carlos me abrazó y me dijo que estaba haciendo lo correcto. Al poco tiempo me llamo mi madre, decidí responder:
-¿Qué?
-¿Sara estás bien?
-Sí, ya te lo dije.
-Vale hija, si estas secuestrada di sí.
-¡Mamá! No estoy secuestrada me he ido de casa porque he querido.
-Deja ya de decir sandeces y ven a casa.
-No voy a volver.
-Te ha pegado fuerte la tontería.
-No me ha pegado fuerte mamá, lo que pasa es que no puedo soportaros más.
-Jovencita tienes una hora para llegar a casa.
Mi madre colgó.
Estaba muy nerviosa, empecé a temblar, no sabía que hacer. Conté todo lo que mi madre me había dicho a Carlos.
-¿Qué hago ahora?
-¿Te doy mi opinión?
-Es la única que me interesa.
-Ve a casa, habla con tus padres, haz que te escuchen y si no lo hacen o sigues queriendo irte, me llamas
Pensé que eso segurmante fuese lo más sensato, fui a mi casa. Llamé al timbre y mi madre me abrió a punto de procesar un ataque de nervios. Eso me hizo pensar que igual mi cabezoneria no fuese lo más acertado para todo el mundo. Decidí abrazar a mi madre y solo centrarme en eso, es normal discutir con los padres, pero lo mejor es que gracias aquel episodio empecé una relación con la persona más especial del mundo.
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