Es el momento de que los sentimientos guien nuestros pasos e intentar dejar de sufrir. Solo dejarse llevar.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Él está enfrente me mira
En unos pocos segundos que me mira me da tiempo a: Saber que me encanta su sonrisa. Que le miro a los ojos y me transporto a un lugar en el que el tiempo no corre. Para mí su sonrisa es el mayor sustento imaginable. Su sonrisa es cálida y muy agradable, como si de una brisa marina tratase me embarga por completo poniéndome los pelos de punta.
Noto su pupila clavada en mí mientras me examina de arriba a bajo. Esa sensación me gusta pero poco a poco percibo como mi piel va cambiando su color. Empiezo a sonrojarme, mi corazón empieza a latir muy fuerte. Las piernas me tiemblan, se me van y es cuando me doy cuenta de que yo no domino mi cuerpo porque lo domina él. Aparto un poco la mirada intentando disimular un poco y no sonrojarme. Quita la mirada, alejándola de mi y yendo hacia sus amigos, lo agradezco. Te veo reír y me molesta, no entiendo el motivo de esa risa. Me siento completamente tonta. Me odio a mi misma. Miro al suelo y toco mis mejillas, arden a ritmo del que se acelera mi corazón. Para cerciorarme del tono de mis mejillas pregunto a una amiga y me lo confirma, estoy completamente roja y me compara con un tomate cosa que no me hace demasiada gracia. Vuelvo a mirar donde estaba pero no le veo, muevo la cabeza de un lado a otro y al fin le encuentro. Va a irse con sus amigos. Pasan delante de mi, yo sigo sentada inmóvil. Pasan hablando y riéndo, de pronto me mira. Sigo sin comprender ninguna acción de su comportamiento. Mediante va pasando va moviendo la cabeza de acuerdo a mi posición. Pongo cara de sorpresa y cuando ya está alejándose gira su bello rostro para retomar la conversación con sus amigos.
Yo me quedo sentada haciendo un intento por recobrar la compostura pero el recuerdo de su sonrisa me lo impide.
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