viernes, 17 de agosto de 2012

27-7

Porque cuando menos te lo esperas sucede algo se enciende y ante ello empiezas a ver más posibilidades, como si fuese un nuevo mundo.
Y eso fue porque alguien te ha abierto los ojos, no eres capaz de comprender el cómo lo consiguió. Puede ser porque estaba en el momento justo y en lugar adecuado. Aunque a fin de cuentas no sabes que te hizo esa persona para hacerte confiar en esa persona. Lo piensas una y otra vez y eres totalmente incapaz de comprenderlo, esa situación se había repetido con otras personas pero algo te hizo cambiar de opinión y en vez de cerrarte decidiste abrirte a esa persona. Tenías miedo de meter la pata pero por suerte eso no pasó. Te alegras cada vez más de haber abierto la puerta de tu vida a esa persona y te preguntas que hubiera pasado si no o hubieses hecho.  Empiezas a comprender esa frase que dice: como tú no hay dos. También empiezas a valorar a un nivel extremo todas las conversaciones con esa persona porque no eres capaz de igualarlas con nadie.
Quizá haya sido el presunto destino el que hizo al final lo más importante, unir a dos personas. Hacer que a ratos no necesiten hablar tan si quiera mirarse porque se conoces de una forma tan... ¿mágica? que ya saben lo que piensa el otro.
Sí, leísteis bien magia. He escojido la palabra magia porque la magia no se puede describir, solo se siente y ya. Es algo fantasioso que parece totalmente ficticio pero es de cierta forma real . Hablar con esa persona te da una sensación similar a cuando la brisa marina sacude tu pelo suavemente mientras acaricia tu anuca, impacta sobre ella el viento y consigue que se te pongan los pelos de punta.
Empiezas a darte cuenta de que cuando esa persona no está algo falta. No es lo mismo y por mucho que quieras intentar que lo sea solo te intentas distraer con cosas y la mayoría de veces ni lo consigues. Te das cuenta de que poco a poco esa persona te está creando una dependencia hacia su persona.
Después temes de que todo desaparezca, que se haga añicos y con ello tú. Y luego tengas que buscar cachos en la hierba de todo eso que una vez fue tu vida... Temes a que esa persona como vino se pueda ir o a que con su ida revolucione todo lo que ya tenías formado en tu vida.  Temes al olvido o a que en verdad no signifique nada más que palabrerías que se dicen o se escriben sin importancia. Porque en verdad crees saber cómo piensa o actúa pero no puedes estar seguro al 100% de que esa persona hable de la misma manera que tú.
Pero luego lo dejas de pensar en ello porque te das cuenta que el momento merece la pena. Te das cuenta que cada segundo, cada minuto en el que pienses en ello es tiempo que pierdes en el que podrías haber hablado con esa persona. Porque esa persona ejerce una fuerza sin querer hacia ti que hace que a más o menos las tres de la mañana acabes de escribir esto mientras posiblemente esa persona duerma.

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