martes, 15 de enero de 2013

Mi 16 cumpleaños.9

-¡Hey! Tam gran fiesta.
-Ya… muchas gracias.
-¿Te ha pasado algo?
-Nada, bueno sí, ¿conoces a Óscar?
-Conozco a un porrón de chicos que se llaman Óscar. ¿Cómo se apellida?
-Óscar Fernández Montes.
Se quedó blanco
-Sí, le conozco, ¿qué pasa con él?
-La verdadera pregunta es que te ha pasado a ti con él.
-Nada que quiera recordar…
-Asier por favor necesito saberlo.
-No puedo negarte nada. Ven a un sitio más tranquilo.
-Sí, mejor porque apenas te oigo.
Nos salimos del Pub y fuimos a un banco cercano.
-¡Bua! Estás increíble Tam. Los bombones a tu lado se derriten.
-Cállate anda.
-Es que o te lo decía o me volvía loco.
-Bueno vayamos al grano, ¿qué te pasó con Óscar?
-Haber, él y yo éramos grandes amigos. Mis padres me llevaban a su casa y sus padres le traían a la mía a dormir y demás. Cuando fuimos creciendo éramos uña y carne pero cada vez más distintos, polos opuestos. Hasta que un día a los 13 años vino donde mí a provocarme, me llamó ladrón, chulo, prepotente, mezquino… nunca me habían dolido tanto las palabras de nadie. Le dije que se tranquilizara, que se callase  pero no lo hacía, así que, no pude contenerme más  y le pegué un puñetazo rompiéndole el tabique nasal. Me arrepiento pero le avisé y seguramente que si hoy pasara lo mismo reaccionase igual. Desde entonces no volvimos a hablar, él por su lado y yo por el mío por un bulo que le metieron por las orejas…
-Vaya.
- Una razón por la que no te lo quería contar era porque temo a que cambies el concepto en el que me tienes.
-Pues tranquilo, no lo he hecho.
-Eso es lo que me vuelve loco de ti.
-¿El qué?
- Que no juzgas a las personas, las descubres sin hacer caso aparentemente a lo que dice el resto.
-Creo que hoy es la primera vez que te veo serio de verdad.
-Eso se debe al efecto que causas en mí.
-¿Eso es bueno?
-Sí porque contigo pienso más despacio midiendo mis palabras. Al principio te trataba como a cualquiera, tu sonrisa me ponía nervioso.
-Nunca antes alguien me había dicho eso.
-No, me refiero a que tu sonrisa me hacía y me hace temblar.
-Soy como la fiebre hago que te entren escalofríos.
-Puede que tengas razón en eso, eres mi enfermedad.
-Eso suena un poco mal.
-Es que aún tengo que pulir las cosas bonitas que decir a una chica bonita. Normalmente digo burradas.
-Vas mejorando.
Nos echamos a reír, yo estaba intentado quitar hierro al asunto y evitar que se sintiera incómodo. Imaginaba por donde iban los tiros y lo que temía a decir. A la vez le veía nervioso e inseguro lo que me resulto gracioso.
-No te creas, mediante me voy oyendo me voy sintiendo más ridículo.
-Pues a mi amigo el banco y a mí no nos lo parece.
-Entonces ahora del tirón. Tamara, me he cansado de que todo el mundo tenga una idea preconcebida de mí. Sé que es la imagen que yo mismo me he creado pero estoy cansado de ser el chico que pega al que le discute algo. El chico por el que la gente se cambia de acera por la calle. Esa imagen pesa más de lo que mis hombros pueden aguantar. Quiero que el resto me vea como me ves tú. Necesito sentar la cabeza, te necesito.
-A mí no me necesitas, solo tienes que ser tú mismo, el chico que está sentado conmigo ahora mismo.
-Es que tú consigues calmarme, cuando no estoy contigo se me va la pinza y desfaso sin medir mis palabras o mis actos, no pienso y ya me la he jugado demasiadas veces.
-Sí que piensas, pero como te da igual lo que opine el resto haces lo que quieres y ya está.
-Me gustaría hacer lo que quiero ahora mismo.
-¿Qué quieres hacer?
-Salir de aquí llevarte a nuestro sitio para besarte y susurrarte al oído que te quiero mientras nos tumbamos contando estrellas juntos.
Sus ojos brillaban más que las estrellas del cielo y una fuerte atracción me llevaba hacia sus labios. Nunca me había relajado tanto con él, me ponía nerviosa al verlo. Esas mariposas en el estómago que me provocaban un gran hormigueo. Eso me empezó a suceder cuando le conocí. Me había enamorado día tras día sin darme cuenta de él. Reconocía que no era para nada del tipo de chicos con los que había salido antes. Me consolaba pensando en esa gran frase que sentía que estaba hecha para mí: el corazón tiene razones que la propia razón desconoce. Así que, iba a dejarme llevar por mis sentimientos, a dejar de tener todo controlado, a  no pensar en el mañana, solo hoy. Le besé, le abracé mientras su sonrisa era cada vez se podía observar mejor en su rostro.
-Asier, te quiero desde hace mucho tiempo.

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