jueves, 20 de diciembre de 2012

Mi 16 cumpleaños.7

-¿Qué le pasa?
-No tengo ni idea de lo que le ha pasado lleva un rato bastante raro.
-¿Y qué puedo hacer?
-Sabes que normalmente se le pasa solo, dale un poco de tiempo y ya está. No te agobies.
Suspire.-Eso haré.
-Venga, date prisa que además tengo algo para ti.
-¿Para mi? ¿Qué es?
-Cuando acabe la fiesta lo tendrás. Empieza a vestirte que se hace tarde.
-No me puedes dejar con la intriga. Dámelo que no me voy a entretener.
-¿Acaso no has visto la hora? Tienes poco tiempo empieza ahora a vestirte luego nos vemos.
Pues sí que pudo dejarme intrigada, aun que, sabía que tenía razón se me había hecho tarde para comenzar a prepararme. Era muy tarde, ya había llegado la peluquera que mi madre había contratado. Llegaba mi fiesta de cumpleaños, todo estaba controlado al milímetro por gente que había contratado. Es uno de los privilegios que te puedes permitir cuando tu madre tiene una famosa además de exclusiva marca internacional de ropa. Pero yo no era una de esas niñas de mamá que en cuanto se las antoja algo se lo piden a sus madres como si fuera lo mas simple del mundo para conseguir. No quería que la gente me asociara así, yo no era una niña caprichosa, por eso poca gente sabía el trabajo de mi madre, siempre había inventado cosas como carnicera, ingeniera, cajera…
Subí las escaleras y entré a mi cuarto. Tenía un vestido precioso, largo, palabra de honor de colores verdes y azules. Era precioso, obra de mi madre. Antes de ponérmelo decidí darme una ducha para relajarme un poco mientras el agua caía sobre mí. Aun que no me sirvió para nada, tras todo lo sucedido no podía tranquilizarme y desconectar. Me sequé el pelo y me puse un albornoz para bajar donde la peluquera que estaba en el salón. Era una señora de gafas, de color morado que se daba cierto aire de personalidad.
-¡Hello! Te estaba esperando.- Su voz era ofensivamente aguda y cursi.
-Sí, perdone.
-Bueno siéntate aquí vamos a convertir tu look en algo más chic.
Con esa frase me dí cuenta de que era del tipo de gente de la que se rodeaba mi madre. Generalmente superficial y con habla de superioridad. Pretendía que yo fuera así pero era traicionarme a mí misma, para su desgracia nunca podría ser así.
Estuve dos horas sentada mientras aquella extraña mujer me contaba un resumen de toda su vida.
-Mi obra maestra acabado, bueno chiquita, ¡bye!
Se marchó hacia el comedor en busca de mi madre que estaba preparando galletas con mi hermana pequeña.
Yo me levanté de la silla y fui en busca de un espejo para ver cómo me había dejado el pelo. Anduve un poco hasta llegar a un espejo alto y ancho en el que podía verme completamente reflejada. Miré al espejo, estaba espectacular, nunca me había visto tan guapa a mí misma. Mi pelo ya no era tan castaño, era más rubio y la verdad que me gustaba, era distinto a lo que estaba acostumbrada. Parecía que tenía mucho mas pelo porque había conseguido darlo más volumen. Decidí apresurarme a cambiarme, no quedaba mucho pelo y no quería agobiarme. Respiré profundamente y me introduje en aquel espectacular vestido que mi madre había preparado. Estaba vestida y había tardado menos de lo que esperaba, por lo que, hice una cosa que tenía que hacer, llamar a Óscar.
-Dime Tamara.-su voz seguía sonando enfadada.
-¿Qué mosca te ha picado?
-¿A mi? Eres tú la que desaparece tres horas y luego aparece en la moto de un kinki que se mete de todo y pega a la gente hasta por respirar.
-Ah; vale que te has enfadado conmigo por no prejuzgar a la gente.
-Estoy decepcionado, pensé que eras más lista.
-Lo soy pero me gusta conocer a las personas.
-Eso no es una persona, es un maldito animal.
-¿Y tú qué eres?
-El tonto de turno por lo que veo.
-No le entiendes Óscar, él no es como crees.
-¿Segura? ¿Acaso se lo has preguntado? Solo puedes hablar de él como te hace pensar que es.
-Hablo de la buena persona que he conocido, no de una fachada.
-Lo que tú digas.
-No te enfades por favor, he llamado para arreglar todo.
-Es que no hay nada que arreglar. Eres mayorcita para decidir. Espero que cuando te deje tirada como a un perro te des cuenta de que te lo decía por tu bien.
-¿Te veré esta tarde?
-Me temo que sí.
-¿Te temes?
-Sí, porque creo que repetiremos esta misma conversación.
-Jope Óscar, luego hablamos.
-Chao.
Me colgó, a mí no me quedaba más tiempo pero me comía la cabeza… ¿Qué le habría pasado con Asier para reaccionar así?

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