-Sara, me gustaría saber si somos algo o si te malinterpreto.
-¿Ser algo?
-Sí, quiero ser tu novio.
-Yo quiero que seas mi novio.
Me volvió a besar y cada beso era más intenso que el anterior.
-Ahora que sabes que te quiero, me preocupo por ti y...
-Eso ya lo sabía.-le interrumpí.
-... que quiero lo mejor para ti, te diré que deberías volver a casa.
Me quedé en blanco, no sabía que responder y eso no era habitual. Le miré con cara de pena.
- Si me echo atrás nunca me tomarán en serio y no cambiarán de opinión.
-¿Qué opinión tienen que cambiar?
-Piensan que soy una niñata.
-¿Bromeas? No piensan eso. Si quieres que te consideren como una adulta compórtate como tal, no hagas estas chiquilladas porque de nada te servirán.
- Ahora te falta decirme que soy demasiado pequeña para comprender cómo actúan y te puedo llamar Papá.
- No te enfades.
- Carlos, sé que no comprenderás mis motivos pero he sufrido demasiado en esa casa como para volver. Aunque, sé que te estoy metiendo en un lío y es lo único que no quiero.
-Sara, me dan igual los líos, lo que me preocupa es que cometas un error.
- No se si me equivocaré o no pero estoy segura de que quiero asumir el riesgo.
- Te apoyaré en lo que sea.
- Gracias.
Le abracé, le necesitaba más que nunca. Me había facilitado mucho la noche anterior y esgoístamente deseaba que eso no cambiara. Era verano, así que, no me tendría que preocupar por las clases, por suerte. Sabía que la independización era imposible por mi temprana edad pero conseguiría que me tomaran en serio y ese era mi único objetivo. Poder hablar y expresarme sin ser interrumpida por palabras como : déjalo eres demasiado pequeña para comprenderlo.
Esa frase me sacaba de mis casillas. Cada vez que alguien la pronunciaba me entraban ganas de tirarles algo a la cabeza. Porque aunque no tendría cincuenta años entendía las cosas perfectamente, no es lo mismo tener seis años y que te oculten datos o te corten para no hablar de más a que te lo hagan con quince.
También odiaba la falta de confianza que tenían en mí o todo lo que me controlaban. Alguna vez pude ver con mis propios ojos a mi madre provando contraseñas posibles para mi tuenti.
Eso me provocaba dos cosas:
-Risa porque me parecía sumamente patético que se dedicase a eso.
-Pena porque prefiere intentar adivinar una contraseña antes de que hablar conmigo.
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