domingo, 10 de junio de 2012

Aventura nocturna.1

La noche era oscura, miré a mi ventana la noche ya había caído. La luna estaba en el punto más alto aunque las nubes la tapaban y no podía alumbrar la noche.
Me senté en la cama, no sabía que hacer. Había discutido con mis padres, cosa que ya se había convertido en habitual.Siempre reñía con ellos porque no comprendían que ya no podía comportarme como siempre, ya había crecido y no podía intentar ignorar todos los problemas que no hacían nada mas que aturullar mi cabeza. Pero esta vez sería distinta, no estaba dispuesta a aguantar más veces eso.
Empecé a dar vueltas por mi habitación intentando pensar en qué hacer. De pronto me vino a la cabeza una idea un tanto descabellada. Escaparme. Nunca se me había tan si quiera pasado por la cabeza pero esa noche de sábado tenía algo especial que avivaba mi idea.
Cogí la comba, me la enredé en el hombro y salté por la ventana a mi terraza. Pese que vivía en un primero, la terraza se situaba a unos siete metros del suelo. Mire hacia a bajo y de inmediato ideé cómo hacerlo. Decidí romper las cuerdas del tendal, las amarraré bien con la comba y más tarde las até a  una tubería y miré al suelo. Tenía mucho miedo pero tenía que superarlo si quería escaparme. Miré atrás y volví a mi cuarto para coger algo de dinero y un bolso en el que metería ropa.
No estaba muy segura de si esa acción tendría una consecuencia positiva pero estaba segura de que las cosas tendrían que cambiar para que mis padres me tratasen de una forma distinta.
Volví a la terraza la cuerda seguía atada y yo continuaba teniendo miedo. Esperé unos instantes y me decidí por deslizarme sujeta a aquellas cuerdas. Por instinto hicé que mi pie se rodease de la cuerda imitando a los acróbatas.
Me deslicé suavemente aunque me quemaba las manos era muy doloroso pero no estaba dispuesta a soltarme. Intentaba pensar en otra cosa pero no podía las manos me quemaban y notaba como poco a poco me estaba haciendo heridas. Fueron los cuatro minutos más largos de mi vida. Cuando al fin, llegué al suelo miré mis manos en la derecha tenía quemaduras y me sangraba un poco, en la izquierda solo tenía quemaduras. Apreté los puños con fuerza, calló una lágrima de mi rostro. Miré hacia mi ventana con rabia y me prometí que no daría marcha atrás. De inmediato salí corriendo sin un rumbo fijo, quería alejarme lo máximo posible para cerciorarme de que no me encontraran o al menos que no lo harían facilmente. Corrí hasta que me alejé lo suficiente y me senté enfrente de un bloque de pisos y me agazapé en la esquina de un portal. Permanecí quieta pensando en el siguiente movimiento. Estaba pensando cuendo oí a unos cuantos chicos que estaban haciendo el tonto. Las voces me eran familiares, me asomé, les conocía y parecía que aún no habían bebido más de la cuenta. Eran más mayores que yo pero sabía que ellos podrían echarme una mano.Me acerqué a ellos.
-¿Sara? ¿Eres Sara?.
-Sí, soy yo.
-¿Qué haces tú a estas horas en la calle?
-Pues... es que ... yo...
-Sara, habla claro.
-Me he escapado...
-¿Cómo? ¿Te has vuelto loca?
-Carlos, lo único que no necesito ahora son más represalias.
Carlos me miró con sorpresa, le había contestado en un tono borde y él no se lo merecía. Él me ayudaba en todo lo posible siempre, era muy buen amigo, estaba siempre que lo necesitaba. Asi que, me disculpé y él aceptó las disculpas. Estube con ellos el resto de la noche y la verdad que fue inolvidable. A las tres de la mañana los amigos de Carlos se tenían que ir y yo me quedé a solas con Carlos.





No hay comentarios:

Publicar un comentario