CAPÍTULO 1.
Todo empezó a principio de curso .Se levantó rápidamente y se asomó por la ventana, era una mañana como otra cualquiera: cielo rebosante de nubes, pájaros cantando su canción y el sol dispuesto a salir. Y por un momento Carla empezó a pensar que ese año sería diferente y en todos los propósitos que tenía para aquel año.
Después bajo las escaleras hacia la cocina para desayunar, su madre estaba tomando un café y miró a su reloj.
-¡Carla! ¿Qué hacías arriba, acaso no te has fijado en la hora qué es? Date prisa o llegarás tarde.
-Sí, lo siento mamá, es que estaba mirando que el hombre del tiempo se ha vuelto a equivocar, porque no llueve.-Dijo sonriente.
Su madre le devolvió la sonrisa mientras Carla se iba, a vestirse.
Carla se vistió rápidamente, cuando terminó se disponía a salir pero regresó para despedirse de su madre y luego sin mayor dilación salió de la casa.
Al salir vió que Tamara ya la estaba esperando. La había crecido mucho el pelo desde la última que se vieron. Tamara se había ido un mes a Roma de vacaciones familiares. Se conocían desde pequeñas y siempre estaba sonriendo, ¿Quién era capaz de sonreír a las 8.00 de la mañana? La respuesta es sencilla: solo ella.
De pronto Irene llegó corriendo. Estaba más malhumorada que de costumbre. Entre otras cosas porque se negaba a aceptar que el curso ya hubiese comenzado, y que a partir de ahora tendría que invertir casi todo su tiempo en exámenes, trabajos y de más. Irene era morena, sus ojos eran verdes y su pelo era rubio y corto, además, era la más bajita del grupo. Por el contrario, Tamara era de piel muy clara, con unos ojos azules como el mar, con la cara llena de pecas y de pelo rojizo. Su melena pelirroja hacia un contraste perfecto con su rostro.
Las tres estaban perfectamente compenetradas, solo necesitaban mirarse para conocer sus opiniones.
Cuando llegaron a clase Irene se sentó encima de un pupitre. Las tres amigas empezaron a la clase empezaron a ver a sus ’’nuevos’’ compañeros. Eran los mismos de todos los años en diferentes clases. La mayoría habían ido al mismo colegio, así que, ya se conocían todos.
-Me da que este va a se un gran año.-dijo Irene mientras guiñaba un ojo a Tamara.
-¿Qué estáis tramando?. -preguntó Carla. Irene aprovechó y se sentó encima del pupitre.
-¿Nosotras? Nada… me ofende que pienses que estamos tramando algo.- respondió de inmediato Tamara.
Carla se sentó en una silla situada enfrente del pupitre donde estaba sentada su amiga sin apartarla la mirada.
-No empieces a estresarte ya a principios de curso.
-Sé cuando liáis algo y sé que ahora estáis tramando algo, solo hay que ver el brillo que tenéis ambas en la mirada.- argumentó Carla.
-Gruñona… no te quejes tanto que este año tendrás las mejores vistas de todo el instituto.- alegó Irene bajándose de la silla y ayudando a Tamara a girar la silla de Carla para que pudiese ver a Marcos.
Marcos era un chico rubio con pelo largo y un flequillo que atravesaba un trozo de su rostro. Sus ojos eran azules grisáceos y sus dientes brillaban como si de perlas marinas se tratasen. Era alto, de constitución atlética y de look surfero. En invierno hacía snowboard pero en verano surf, no había nadie que le superase con una tabla.
-Bufh… este año va a ser más largo de lo que esperaba.- resopló Carla.
-Nena, este va a ser tu año. Lo presiento
-Ya me sé yo como acaban tus presentimientos…
-¿Me lo vas a guardar toda la vida o qué? Fue un pequeño fallo técnico.
-¿Pequeño? ¿Solo pequeño?
-Bastante mal lo pase yo también aquel día ¿Para qué estamos las amigas si no es para equivocarnos y ayudarnos mutuamente?
En verano Irene y Carla se apuntaron a un campamento. Hacían varias actividades en el aire libre y se quedaban a dormir en un albergue. Tamara no fue porque estaba en Roma.
Había chicos muy guapos entre ellos había tres amigos: Pablo, Alex y Raúl.
Carla y Pablo se pasaron todos los días del campamento tonteando y mirándose. Un día Pablo quiso hablar con Carla. Irene tuvo un presentimiento, pensaba que Pablo ya se había decidido y que iba a pedir salir a Carla. Irene se lo contó a Carla y esta se empezó a ilusionarse.
Cuando Carla vió a Pablo, este dijo:
-Carla ya no puedo más. Tengo que decirte algo.
-Ya, ya lo sé.
-¿Cómo lo sabes?- preguntó totalmente sorprendido.
-En realidad no lo sé, pero me lo imagino.
-Menos mal, si no sería por eso no te dejaría escapar. Entonces, ¿amigos?
-¿Cómo?
-Sí, es que no me parece legal hacer eso a mi novia
-¿Tu novia?
-Sí, ¿no decías que te lo imaginabas?
-Hablábamos de cosas totalmente opuestas por lo que veo.
-¿A qué te refieres?
-Pensé que dirías otra cosa.
-Vaya, lo siento Carla pero creí que era mejor decírtelo ahora que más tarde, ¿amigos?
-No sé si podré, lo siento…
-Esperaré hasta que puedas.
-Adiós.
Carla no dejó despedirse a Pablo y huyó. Corrió en busca de Irene. La cual no pudo evitar sentirse fatal porque había ilusionado a Carla en vano y lo estaba pasando mal.
Eso pasó hace dos meses pero Carla lo recordaba como si hubiese pasado el día anterior.
-Chicas yo no quiero interrumpir la conversación pero os está mirando todo el mundo y si no queréis ser las frikis el primer día de clase yo que vosotras aparentaría que sois normales.
-¡Uy! ¡Lo qué nos ha dicho la digna!- exclamó Irene en voz alta.
De pronto, se dio cuenta de que todo el mundo estaba callado mirándola y se volvió a sentar totalmente avergonzada. Cuando por fin se sentó toda la gente retomó sus conversaciones correspondientes mientras Carla y Tamara reían a carcajadas.
Después de reír Carla miró hacia donde estaba Marcos.
Se quedo embelesada mirando su esbelta y atlética figura hasta que sus miraras se cruzaron. Carla no sabía muy bien que hacer pero mantuvo la compostura. Esas centésimas de segundo fueron como horas en las que podía ver sus hermosos ojos sin necesidad de disimulo. De pronto pudo observar asombrada como Marcos ¡la estaba sonriendo!
Pudo ver sus perfectos dientes blancos de inmediato le devolvió la mejor sonrisa posible, cosa que no fue nada fácil dada a los nervios en los que estaba sometida. Pero lo consiguió y tras ese momento Marcos se giró y retomó la conversación con sus amigos. Ese había sido el mejor minuto desde hacía ya mucho tiempo, pero esto la dio mucho a pensar entre otras cosas que igual el presentimiento de Irene tendría algún hueco en la realidad.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por Irene, a la cual no se la escapaba nada:
-Tamara, por favor corrígeme si me equivoco. ¿Acaba de sonreírla nada más ni nada que el surfero más guapo de esta ciudad?
-No, tengo que corregirte, la ha sonreído el chico más guapo de este país.
-Chicas por favor callaros que aún os oirá.
Para suerte de Carla la profesora entró cuando terminó de pronunciar estas palabras. Según entró anunció las parejas de pupitre y se quedarían así el resto del curso. A Tamara e Irene las tocó sentarse juntas pero a Carla la tocó sentarse con Alberto, que era el mejor amigo de Marcos, eran más bien como hermanos.
Alberto también era de planta atlética pero no hacía surf ni snowboard, él jugaba a fútbol. Era moreno de ojos color almendra y de apariencia seria.
-Bueno Carlita parece que nos espera un año juntos ¿no?
-Si.
-Una cosa, ¿te importa qué te llame Carlita?
-En verdad no pero te diré que así solo me llama mi abuela pero por ser tu… te dejaré.
Alberto estaba sonriente pensando que Carla no estaba sorprendida respecto a su conducta. Aunque, en verdad, Carla estaba alucinando, siempre habían ido a clase y no habían articulado ni media palabra ¿ a qué se debía cambio de tal calibre?
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