lunes, 11 de junio de 2012

Aventura nocturna.2

Nos quedamos juntos, solos. Creo que estaba empezando a ver a Carlos de manera distinta. Empecé a darme cuenta de que en realidad lo que él sentía no era una simple amistad y que yo le correspondía.
-¿Y ahora qué piensas hacer?
-Creo que daré vueltas o iré a un hotel barato cercano.
-Sabes que no te voy a dejar sola en medio de la noche.
-Lo sé y te lo agradezco.
Me acerqué a él, buscando un beso entre sus labios. Él pensó que le iba a abrazar y me agarró entre sus brazos, yo me puse de puntillas bajé su cara y le besé. Tras aquel beso se quedó un tanto extrañado y me dijo que no se pensaba que yo le correspondía que tan si quiera yo supiera que le gustaba.
-Ven a mi casa, a mi madre no la importará, seguramente ni se entere.
-Vale pero no quiero buscarte ningún problema.
-Mi mayor problema sería pensar que estás sola, en la calle.
Le sonreí y nos fuimos a su casa. Vi a mucha gente conocida por el camino, la mayoría más bebida de lo aconsejable pero era el mundo de la noche. También vi varias chicas con los tacones en la mano besando a chicos que seguramente ni conociesen de nada más que de una noche, cosa que me dio pena. Y viéndolo desde otro punto de vista vi a chicos aprovechándose de chicas que habían bebido más de la cuenta. Cosa que me produjo mucha pena, no me parecía muy normal que la gente desfasara de esa manera. Aunque, en verdad, lo que más me importaba era estar con Carlos.
Le estaba viendo de forma distinta, el beso que le dí desencadenó una serie de sentimientos, los cuales anteriormente era inconsciente. Estaba descubriendo que esos sentimientos que pensaba que no eran propios de una amistad, yo pensaba que era amistad pero estaba equivocada. Ese sentimiento de querer estar en todo momento con él, de echarle de menos cuando no está, de querer estar en todo momento entre sus brazos, no era amistad era... amor...
Lo que me producía un tanto de inseguridad, el era mayor de edad, tres años de diferencia... A lo cual no estaba acostumbrado. Todos lo novios que había tenido hasta el momento eran de mi edad. Aunque Carlos tenía algo diferente. Cada vez que le miraba a sus ojos verdes se me abría un nuevo mundo, era mágico...
Al fin llegamos a su casa. Su madre dormía cosa que me alegró, cuanta más gente ignorara mi fuga mejor.
Cruzamos el salón hasta llegar a su cuarto. Cuando llegué a su cuarto me sorprendí y me quedé con la boca abierta, el cuarto era enorme y una de las paredes estaba llena de fotos con amigos, entre ellas estaba yo cosa que me alegró. La cama de aquel cuarto era de matrimonio, cosa que me asustó un poco, le miré.
-No te preocupes no tenemos que hacer nada pero podemos dormir juntos o si prefieres yo dormiré en el sofá.
-Me niego, has hecho demasiado por mí como para dejarte dormir en el sofá.
-Entonces ¿dormimos juntos?
-O si no yo en el sofá.
-Ahora soy yo el que se niega.

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