-¡Tamara! ¡Tata! Despierta.
-Ven aquí renacuaja.
Me incorporé y la senté en mi regazo.
-¡Felicidades! ¿He sido la primera en felicitarte?
-Claro que sí pequeña.- La mentí, el primero había sido Mateo, uno de esos tres candidatos. Llevaba toda la semana hablando sin cesar con él. Era más mayor que yo tenía 19 años y le conocí de casualidad hace un año caminando por las Ramblas de Barcelona.
Iba tranquila andando sin un rumbo fijo sin otro pensamiento que el de desconectar de mi mundo pero en realidad estaba tan sumergida en el que me choque con un chico. Me quedé paralizada y embobada en sus ojos, nunca había visto unos ojos tan bonitos como aquellos o mejor dicho nunca había visto un chico como ese.
Eran unos ojos de color celeste pero con un toque anaranjado alrededor de la pupila, su ojo izquierdo estaba algo tapado por su flequillo lateral de tono moreno. Mirándole a la cara nunca adivinarías su edad pero con ver la musculación de sus brazos te percatabas de que ese muchacho era más mayor que lo que su cara decía.
-¡Ups! Disculpa.- Al chocar con él se me cayeron todos los libros que llevaba entre los brazos y muy servicialmente para mi asombro me ayudó a recogerlos.
-No te preocupes, disculpada, espero que no se te haya perdido ninguna hoja, ¿Ibas con prisa?- me lo dijo totalmente sonriente lo que me asombró.
-En absoluto, iba distraída pensando en mis cosas. Soy Tamara, encantada.
-Hola, yo soy Mateo. Te parecerá de psicópata pero… ¿si te invitara a tomar algo vendrías?
La verdad que la situación era extraña, pero la sonrisa de aquel chico me incitaba a no temer nada e ir con él así que accedí.
-No suelo irme a tomar algo con los chicos con los que choco pero no me puedo negar.
-¿Sueles chocar con la gente?
-Es mi mayor costumbre.
Ambos echamos a reír y caminamos hacia un dunkin coffee.
-¿Cuántos años tienes?
-Quince recién cumplidos, ¿y tú?
-Pues felicidades atrasadas, yo he cumplido 18 pero ya hace bastante.
Estuvimos hablando un buen rato en el dunkin coffee. Hasta que la tonta de mí miró al reloj.
-¡Ufh, qué tarde es! Me tengo que ir ya, tendré a mi madre preocupada.
-No busques excusas que se que intentas huir de mí.
Los dos volvimos a reírnos y a compartir una mirada cómplice.
-No es por eso descuida.
-Ya me imagino tranquila y vete no quiero que preocupes a tu madre por mi culpa.
Le dí dos besos y me fui. Al llegar a casa me di cuenta de que no la había pedido ni su Tuenti, ni su Facebook, ni su número de teléfono tan si quiera su Twitter…
Estaba entristecida hasta que abrí mi archivador … !!!Había una nota!!!
Bueno Tamara, espero que no te creyeses que te iba a dejar escapar así como así porque si era en ese caso te has equivocado, acabas de ir a pedir y yo aprovecho para decirte que si miras tus llamadas perdidas podrás ver una mía, espero volver a verte besos que ya llegas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario